No todo problema constructivo requiere un peritaje, pero hay situaciones en que postergarlo encarece el caso o hace imposible reconstruir la evidencia. Estas son las circunstancias en que conviene consultar temprano.
Casos frecuentes que ameritan peritaje
Grietas o daños tras un sismo. Después de un evento sísmico es difícil distinguir a simple vista entre daño superficial y compromiso estructural. Un peritaje oportuno determina la gravedad real, documenta el estado del inmueble y respalda gestiones ante aseguradoras o la empresa constructora.
Disputas de deslindes. Cuando la superficie escriturada no coincide con la ocupada, cuando un cierre se corrió o cuando un vecino construyó sobre la línea divisoria, el conflicto solo se resuelve con levantamiento en terreno y revisión documental.
Tasación para herencia o partición. En particiones hereditarias y liquidaciones de sociedad conyugal, una tasación profesional evita discusiones interminables entre las partes y entrega una base objetiva para repartir o compensar.
Vicios ocultos en una compra. Defectos que no eran detectables al momento de comprar —humedad estructural, instalaciones deficientes, intervenciones no declaradas— requieren un informe que acredite su existencia, su origen anterior a la venta y el costo de subsanarlos.
Qué antecedentes reunir antes de la primera consulta
Mientras más completa sea la documentación inicial, más rápido y preciso es el trabajo. Conviene reunir: escritura de la propiedad; planos y permisos de edificación si existen; certificado de avalúo fiscal; fotografías del daño con fecha, idealmente desde que apareció; correspondencia con la constructora, el vendedor o el vecino; y, si el caso ya está judicializado, la causa y los puntos de pericia fijados por el tribunal.
No es indispensable tenerlo todo para consultar. Con una descripción del problema y algunas fotografías suele bastar para orientar los primeros pasos.
Cómo se desarrolla el proceso
El trabajo comienza con una consulta inicial en la que se revisa la situación, se define si corresponde un informe técnico o pericial y se acota el alcance. A continuación se realiza la visita a terreno: inspección del inmueble, mediciones, registro fotográfico y, cuando el caso lo exige, levantamiento planimétrico.
Sigue el análisis, que cruza lo observado con los antecedentes documentales y con la normativa aplicable. Con eso se elabora el informe, que expone metodología, hallazgos y conclusiones fundadas.
Finalmente viene la entrega y explicación del documento al cliente o a su abogado, y —cuando el caso lo requiere— la comparecencia ante el tribunal para exponer y defender las conclusiones.
Los plazos dependen de la complejidad y del acceso al inmueble, pero un peritaje bien planificado desde el inicio siempre resulta más económico que uno solicitado a última hora, cuando ya vencen los términos probatorios.
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